La historia de la Virgen de Guadalupe


La historia de la aparición de la Virgen de Guadalupe es ciertamente fascinante, como también lo son los estudios que posteriormente se han realizado en su imagen y que revelan el carácter milagroso de su aparición.

Singular es también a quién se aparece la Virgen por primera vez. Se trata en este caso de una persona de condición humilde, un indio mexicano, alguien con profunda sencillez de vida.

Consultando en alguna de la extensa bibliografía existente, obtenemos los siguientes relatos acerca de la aparición de María en su advocación de Guadalupe (Fuente consultada: "María de Guadalupe, Madre de América Latina". Relatos y novena. Editorial Guadalupe. Buenos Aires. Argentina. Año 1992.)

La Virgen de Guadalupe aparece en el Tepeyac, México, hace casi 500 años, en el año 1531, a pocos días del mes de diciembre a un pobre campesino de nombre Juan Diego.
Tendrá este humilde indio, varios encuentros con la Virgen:

PRIMER ENCUENTRO CON LA VIRGEN:
Juan Diego era un hombre dedicado a las cosas de Dios. Siendo día domingo, llega a un cerro en el lugar llamado Tepeyac, ya está amaneciendo. Oye cantar en la cumbre del cerro: escucha como si cientos de pájaros preciosos cantaran melodías que eran muy placenteras. No sabe si está soñando.
Teniendo su mirada fija hacia el cerro, al lugar desde donde sale el sol, oye que alguien lo llama por su nombre y se dirige hacia el lugar desde donde viene el llamado. No se altera de ningún modo, se siente contento. Allí se encuentra con quien describe luego como "una señora de pie que lo llama para que vaya a su lado". Se admiró de su hermosura: "su ropa parecía sol y echaba rayos. La tierra reslumbraba con los resplandores del arco iris".
La Virgen le dijo: "Oye hijo mío, el más desamparado, digno Juan, ¿a dónde vas?"
El indio le responde: "Dueña y Reina mía: tengo que llegar a tu casa a México, a seguir las cosas divinas que nos dan nuestros sacerdotes que son imagenes de nuestro Señor".
La Virgen entonces, dandole certeza de que es la Madre de Jesús, le pide que allí mismo levante una ermita, además le dice "en ella mostraré y daré a la gente todo mi amor, mi compasión, mi ayuda y mi defensa. Porque soy la Madre Misericordiosa, de ti y de todas las naciones que viven en esta tierra, que me amen, que me hablen, que me busquen y en mi confien. Allí he de oir sus lamentos y remediar y curar todas sus miserias, penas y dolores".
En estas promesas es que confía el pueblo latinoamericano que hoy se encomienda a María de Guadalupe, sabiendola intercesora ante Dios.

Luego, Juan Diego tendrá una serie de entrevistas con quien en ese entonces era Obispo, Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco.
Juan Diego cuenta al Obispo acerca de la aparición y acerca del pedido de la Virgen, la ermita. Sin embargo, el Obispo le pide que vuelva en otra oportunidad.

SEGUNDO ENCUENTRO CON LA VIRGEN:
El mismo día, Juan Diego regresa al cerro donde había visto a María por primera vez. Allí estaba ella esperándolo.
Cuando la vio, se postró delante de ella y le cuenta acerca de la entrevista con el Obispo. Juan Diego se siente humillado por su condición humilde y su incapacidad de influir sobre quienes toman las grandes decisiones. Pide perdón a María por esto.
La Virgen, sin embargo, le responde: "Oye, hijo mío, el más desamparado, sabe tu corazón que no son pocos mis servidores y mensajeros, pero es de absoluta necesidad que seas tú mismo el que vayas y hables de esto, y que con tu mediación y ayuda se haga realidad mi deseo y mi voluntad...te ruego que vayas otra vez con el Obispo". Juan Diego acepta nuevamente cumplir la voluntad de María, sabiendo que quizás, una vez más no sea oido.
Así sucede muchas veces con los más desamparados de nuestros pueblos latinoamericanos, sus voces no son oidas, no son tenidos en cuenta.

Juan Diego tiene una nueva entrevista con el Obispo, quien esta vez realiza muchas preguntas para obtener detalles precisos acerca de lo que el indio le relata. Sin embargo, el Obispo le advierte que no solo por lo que cuenta creerá en la veracidad de lo que dice.
Además, mandó que siguieran a Juan Diego a donde fuera. Sin embargo, lo pierden de vista. Juan Diego era pasible de recibir un castigo por lo que, se suponía, eran mentiras y engaños.

TERCER ENCUENTRO CON LA VIRGEN:
Al anochecer del martes de la misma semana, Juan Diego vuelve al cerro esperando volver a ver a "la Señora". La vio esta vez bajando desde arriba del cerrito y que desde allí lo había estado mirando. Nuevamente entablan un diálogo. La Virgen le da ánimo frente a una enfermedad que venía padeciendo un tío de Juan Diego. Le dice: "No temas esta enfermedad, ni ninguna otra enfermedad, o algo angustioso ¿Acaso no soy yo aquí tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y mi resguardo?.. ¿No estás acaso en el hueco de mi manto, en donde cruzo mis brazos? ¿Quién mas te hace falta? Que ya nada te apene ni te de amarguras. No te aflija la enfermedad de tu tío. Porque no ha de morir de lo que ahora tiene. Ten seguro en tu corazón que ya sanó". Y en aquel momento, su tío sanó.
Luego, María le pide a Juan Diego que suba nuevamente al cerro y allí encontraría variadas flores. Le mandó que las junte y las reúna. Luego, que se las traiga.
Juan Diego realiza el pedido y trae las flores, que se encontraban "muy fragantes, como si tuvieran perlas preciosas, llenas de rocío". Justamente, no era tiempo en que en ese lugar creciera este tipo de flores.
La Virgen le dirá que esas flores son la prueba que deberá llevar al Obispo. Le dice: "tú eres mi embajador, en tí pongo toda mi confianza. Con toda energía te mando que solamente en presencia del Obispo abras tu manta y le des a conocer lo que llevas" (se refería a las flores).

Juan Diego va nuevamente donde el Obispo, a cumplir lo que María le hubo encomendado. Esperó largo tiempo a ser atendido. Juan Diego da a conocer al Obispo todo lo sucedido y todo lo que María le pidió que realizara.
Luego, desenvuelve su manta (una manta muy humilde, conocida como "Tilma"), y para sorpresa del Obispo caen las diferentes flores y en ese momento se plasma en la Tilma la imagen de la Virgen María. Esta es la imagen que hoy se encuentra y se venera en México y en toda Latinoamérica, en su ermita de Tepeyac, que se nombra Guadalupe.

Luego de esto, tiene lugar la conversión del Obispo y de todos los que allí presenciaron el milagro. Junto con ello, se da lugar a la construcción de la ermita y se sucede una cuarta aparición de la Virgen.

CUARTA APARICIÓN DE LA VIRGEN:
Luego de que se constata que el tío de Juan Diego había curado de su enfermedad, se sabe también que él mismo pudo ver a María, del mismo modo que Juan Diego, y que le había dicho que iba a sanar. Además le pidió que fuera a ver al Obispo y le contara lo sucedido.
Toda la ciudad se conmovió ante estos sucesos y comenzaron a admirar la imagen de la Virgen como algo divino.

Luego, mucho tiempo después, se le practicarán estudios científicos a la imagen, para constatar que no se trata de una pintura realizada por la mano del hombre. Esto será motivo de futuras entradas de este blog.

Con el tiempo, han surgido, como es frecuente, personas que han cuestionado la veracidad de estos relatos, los cuales sin embargo están debidamente documentados, e incluso se ha llegado a cuestionar la existencia histórica del mismo indio Juan Diego. Sin embargo, hay pruebas de su existencia, tal como lo demostrara una comisión histórica especialmente destinada a investigar la documentación de su existencia, en tiempos previos a la canonización del beato Juan Diego por la Iglesia Católica. Para quienes estén interesados en leer más acerca de esta comisión y la documentación y pruebas respecto de Juan Diego y del milagro de la Tilma, recomiendo seguir este enlace http://www.buenaprensa.org/Ediciones%20Anteriores/2001/fasicu%2001-12.htm

1 comentario:

  1. muy bueno el blog, aguante guadalupe...... soy emi de guadalupe...............

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